La batalla de lo que fue y no pudo ser

“Nunca hubo esta hora, ni esta luz, ni este ser mío. Mañana lo que sea será otra cosa”.
Fernando Pessoa

Bajo la piel de Bernardo Soares, Fernando Pessoa escribió “¡Ah, no hay añoranzas más dolorosas que las de las cosas que nunca han sido!” Tiempo después (casi un siglo), Joaquín Sabina cantaría “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Este descubrimiento corrobora lo que alguna vez leí de Gabriel García Márquez: “Las ideas no son de nadie… andan volando por ahí como los ángeles”.

Dicho supuesto —la añoranza de lo que nunca aconteció— también revolotea sobre la novela que le daría a Javier Marías el Premio Rómulo Gallegos en el año 1995. Hablo de Mañana en la batalla piensa en mí.

Desde su inicio, la novela arranca con una negación: Víctor Francés —escritor fantasma— y Marta Téllez pudieron ser amantes. Sin embargo, la muerte repentina de Marta en los brazos de Víctor, frustra cualquier posibilidad.

Pero la muerte de Marta Téllez, lejos de generar un sentimiento de culpa, provoca que Víctor Francés se sienta “encantado” ante la muerte de Marta y decida acercarse cada vez más a su familia. Es aquí cuando la muerte se nos presenta como otro de los ejes centrales de la novela. Una muerte que es ausencia pero paradójicamente no abandona: condena al recuerdo y se encarna en él para repetirse y así luchar contra la difuminación, contra el olvido. Una muerte, como la percibe Víctor Francés, que habita.

Nuestro narrador y ghostwriter considera que pocas cosas dejan huella, sobre todo si no se repiten, si acontecen una sola vez y ya no vuelven. Y lo cree con tal fervor que la marca del estilo Javier Marías se hace presente: la repetición. Ideas que aparecen una y otra vez a lo largo de la trama en distintos contextos, ideas que se sienten como ecos. El narrador rechaza el engaño cuando se trata de aquellos que más queremos, pues es insoportable que nos crean felices, casados o incluso vivos cuando ya no lo estamos.

Y así en medio de la repetición, la prosa va descubriendo poco a poco las dimensiones morales en torno a la muerte de Marta Téllez. Una prosa de libertades en nuestro idioma pero de restricciones al traducirla, como asegura Michael Helm. Una prosa que hilvana acción, reflexión, impresiones momentáneas, pensamientos contradictorios y recuerdos prolongados que brindan la impresión de estar presenciando un momento tan vívido, tan humano.

Víctor Francés sabe quién es Javier Marías. No sabemos cuánto tiempo habitó al Rey de Redonda o si lo sigue haciendo, pero Francés le aprendió dos de sus pasiones: Shakespeare y el arte de la traducción. “Mañana en la batalla piensa en mí, y caiga tu espada sin filo” frase que aparece en la Escena III del Acto V de Ricardo III y que se repite durante toda la novela. Víctor Francés no deja de ser escritor y al igual que Marías la semántica, la etimología y la traducción de las palabras le provoca fascinación y no duda en escrutar unas cuantas.

Mañana en la batalla piensa en mí hurga en nuestro inventario de imposibilidades, de amores que no se consumaron, de proyectos que se quedaron a medio camino, de sueños truncados. En efecto, uno es el conjunto de lo que vive y ha vivido pero también de lo que no vivió y no vivirá. La añoranza de lo que nunca jamás sucedió, igualmente, nos conforma como seres humanos.

 

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